

Aquí no venimos a hacer fusión ni a jugar a la alta cocina.
Venimos a coger los platos de toda la vida, sacudirles el polvo y servirlos con descaro.
Porque llevamos demasiado tiempo comiendo lo mismo sin hacernos una sola pregunta.
Nosotros sí nos la hicimos. Y la respuesta es sencilla: lo de siempre puede volver a emocionarte…
Si alguien se atreve a romper las reglas.












